Ella es una mujer fantástica.
La tengo todo el tiempo en la mente.
Es un sueño hecho realidad.
Es egocéntrica, es bella. Le digo que pocas veces la mujer que admiro es una mujer que me gusta. Ella hace un gesto de no creerme. Como sea, ella y yo salimos un tiempo. La idea de ella, despierta mi lujuria. Una vez se lo digo y se echa a reír como si le hubiera hecho un chiste. Me deja sin aliento en la cama: es el paraíso o lo parece bastante. Después llora, llora mucho. No es que lo haga después del sexo, sino que sufre. Tiene muchos problemas. Es una persona frágil. Al principio, me llena de orgullo: que me muestre a mí, su debilidad. Me hace sentir hombre; dice que le duele el pecho por amor a mí. Está dolorida. Yo antes leía sobre ella en los diarios. Parecía una persona sabia, segura. Ya se sabe que los periodistas ponen cualquier cosa. Estando con ella me digo que es fácil amarla; se lo digo a ella, que me pide paciencia y amor. Lo hace con una voz que parece que está comprando maní con chocolate en el cine. Cuando le agarra la sospecha de que no la quiero, de que salgo con otra mujer, se deprime. Yo conozco muchas mujeres, estuve con muchas. Se lo digo, que soy un experto en mujeres. Podría tener la que quisiera, pero sólo ella me conmueve. Quiero que entienda esto, pero creo que no puede.
Dice que su autoestima es cero.
Pero es una ególatra.
Es imposible no darse cuenta.
La ayudo, le indico qué cosas tiene que hacer en su trabajo, con su plata, para estar mejor. Quiero protegerla, me gusta estar con ella. Cada tanto me asalta un pensamiento: ¿cómo sería mi vida con ella? Puedo ver una vida posible alrededor nuestro, cosas que haríamos, viajes, lugares que podríamos visitar. El mar, me gusta mucho el mar. Se le parece. La tengo todo el tiempo aquí, en mi cabeza.
Es una mujer maravillosa.
La realidad es que trabajo mucho, muchas horas, y mis horarios son un caos. Por eso a veces no cumplo con las citas y ella no se enoja cuando falto, cuando no voy. Siempre que le avise, no importa que desarme un programa, dice. Porque ella aprovecha ese tiempo para hacer otras cosas, dice. Sus cosas, leer o algo así. Ver películas. Mira muchas películas; es porque está sola por las noches. Una vez la llamo muy tarde, cancelo la cita y me quedo con culpa, así que la llamo cerca de la medianoche. Ella no atiende el teléfono. Alguna que otra vez, cuando atiende, la música está muy fuerte en su casa; a lo mejor hay alguien con ella. Dice que es un poco sorda y por eso la oye tan fuerte; los vecinos no se quejan.
Esa mujer está ensimismada.
Eso no es bueno.
La semana que se agarra gripe le digo qué tiene que hacer; ir al médico, no conformarse con tisanas, con aspirinas. Le digo que no vaya al dispensario, sino al hospital. Tiene que tener un médico de cabecera, no cualquier doctorcito que la atienda en la guardia. Una mujer como ella. Tiene fiebre, no tiene un servicio de médico a domicilio, no quiere salir de la casa, me dice en el teléfono. Por la gripe, pero yo creo que es misántropa. Llora o a lo mejor tiene la voz tomada, nada más, no me doy cuenta en la comunicación. Le digo que salga igual, que se tome un taxi y vaya directo al hospital. No tiene quién le haga una sopa. Me apena; igual yo no puedo ir porque paso el fin de semana con mis hijas, afuera. Se los prometí, no puedo clavarlas de buenas a primeras y si les digo que es por atender a una mujer que me gusta, me arman un escándalo y se le quejan a la madre. Mis hijas no soportan la idea de que salga con otra mujer. Hace poco que me separé de mi esposa y digan lo digan, los hijos quieren que los padres estén juntos, sobre todo en un matrimonio que anda bien, donde no hay peleas.
Le digo a ella que no puedo seguir viéndola.
Así que me pasa que la extraño; estoy triste todo el tiempo sin ella, y cuando ella está porque nos cruzamos en algún lugar, me voy. Ella sonríe, no sé cuánto le afecta. Hace notar que yo no hago falta en su mundo, pero no sé si es así.
Como sea, vivo llamándola.
Me atiende, ríe.
Le digo de vernos.
Ella dice que sí, todas las veces.
No sé cómo hace para arreglárselas y poder: tiene una vida complicada también.
Pero después yo no puedo.
Algo pasa y no puedo.
Ella también me extraña, dice.
No llama, no me busca.
Me quiere, dice siempre.
Es una mujer extrañísima.
Parece que ella no me necesita.
No estoy seguro de eso; creo que es una estrategia.
No sé bien para qué.
Al final, la invito un fin de semana afuera.
La tengo acá adentro, entre sien y sien. No puedo quitármela de la cabeza.
Ella es como una obsesión.
Acepta venir. Suena contenta.
Pero después me manda un mensaje al celular y me dice que no puede.
Estoy manejando cuando recibo el mensaje.
Situaciones así tendrían que estar prohibidas.
Puedo matarme en un accidente.
Por ella, por su negativa.
La llamo, varios días después.
Dice que no quiere saber más nada de mí.
No sé por qué, así de repente.
Ella es una mujer muy rara.
P.SUAREZ