No me fui con alegría porque te extrañé, quizás tanto como vos a mí. No fue mi decisión pero la asumí sabiendo que nos encontraremos algún día y vamos a recuperar tanto tiempo perdido y a decirnos las palabras que mal supimos callarnos.

Yo estoy aquí, en un lugar de paz, donde te reservo un espacio muy cerca de mí, y del que no te puedo hablar porque no hay palabras terrenales para describirlas, ni aún sumando todos los calificativos que se me ocurran. Sí puedo contarte que sigo tal como me viste la última vez, como me sueñas, porque se que me sueñas, como me recuerdas en esas tardes de sol radiante que reflejaba en mis cabellos y le daban brillo a tus ojos. Ahora que tanto se como me querías, puedo decirte que también te quise y nunca se me ocurrió hablarte de ello.

Hoy que no tengo el apuro de los relojes, me sobra el tiempo para explicarte que estás en mi corazón, que mi intuición de mujer me decía que me mirabas de manera especial y que sentía orgullo de que alguien así me dedique tantas horas de sus días sólo para pensar en mi, para protegerme, para estar mas cerca mío. Por eso decido guardarte un lugarcito junto a mí, aquí en la eternidad ya que no me pude despedir.

Te pido que sigas viviendo feliz y festejando mi cumpleaños, aunque yo no esté, como hoy, que ya tendría 39, porque acordándote de mí tendré el mejor homenaje que me puedan hacer